
- Cartel de Drive, con Ryan Gosling - Bold Films
El danés Nicolas Winding Refn, autor de Pusher, Bronson y Valhalla Rising, intenta su asalto particular a Hollywood, de una manera muy descarada y poco original, con Drive, una de esas películas tristemente tan de moda en nuestros días, del estilo Hanna, en la que se engaña al público con una película de acción, carente de dicha acción.
Imitando el estilo del western clásico de pistoleros solitarios, combinado con algunos tópicos más que evidentes del cine negro y copiando a maestros de la violencia como Sam Peckinpah o Quentin Tarantino, esta arrítmica película es un querer y no poder, que se pierde en un mar de pretensiones que nunca llega a cumplir.
Drive, cine pretencioso y nada original
Desde luego, pretencioso es uno de los dos mejores adjetivos para definir el último trabajo de Nicolas Winding Refn. El otro es vulgar, en su acepción como antónimo de original. Copiar elementos que ya han triunfado en diferentes géneros no es hacer cine, sino elaborar un compendio, algo así como crear un disco de grandes éxitos.
La deferencia es que todo el mundo es capaz de elaborar una lista de canciones, pero en el cine, hay que tener talento para juntar elementos vistos en otras películas, lograr que funcionen en una trama lógica y, además, añadir ideas propias a modo de innovación.
Nicolas Winding Refn plagia a Leone, Tarantino y Peckinpah en Drive
Sergio Leone adoptó ideas de Akira Kurosawa y Clint Eastwood de ambos, pero supieron imprimir su sello personal. Por otro lado, Quentin Tarantino parece el heredero de Sam Peckinpah en cuanto al uso de la violencia en el cine. De la misma manera, el genial director de Pulp Fiction también gusta de utilizar elementos del western clásico y de las películas de gangsters.
La diferencia es que Tarantino no se limita a copiar torpe y descaradamente, como Winding Refn, sino que es capaz de innovar y reinventar el cine. De hecho, el trabajo de Tarantino en la mezcla de géneros como western, cine negro, acción y romance, en un contexto de espirales brutales de violencia, es magistral.
Sin embargo, Nicolas Winding Refn no ha hecho nada nuevo ni propio. El guión, escrito por él mismo, presenta a un protagonista (Ryan Gosling) con los arquetipos de Gary Cooper en Solo ante el peligro, sumándole la característica principal de los personajes encarnados por Clint Eastwood en la Trilogía del Dólar de Sergio Leone: moverse peligrosamente por la delgada línea que separa al héroe del villano, utilizando su propia justicia para provecho propio.
Reparto de Drive, con Ryan Gosling como protagonista
Hay que reconocer que Gosling (cerilla en boca y parco en palabras como Stallone en Cobra), sin duda lo mejor de la película, consigue una interpretación convincente del personaje principal, aunque no creíble, ya que la historia de amor entre él y Carey Mulligan, tal y como se plantea, es tan forzada como inverosímil. El remate llega con la salida de la cárcel del marido de ella, planteando una situación a tres bandas sin tensión, ni celos ni sentimientos de traición, que dan una buena muestra de la poca credibilidad de la trama de Drive.
Si el trabajo interpretativo de Ryan Gosling (Fracture, El creyente) es impecable, tanto Carey Mulligan (Wall Street 2, Enemigos públicos) como su marido en la ficción Oscar Isaac (Sucker Punch, Ágora) resultan tan poco creíbles como el triángulo amoroso. Ella se limita a poner dos caras: ingénua o triste. Él directamente se mueve en su línea habitual de actor con muchas limitaciones.
Secundarios planos y vacíos en Drive
En el lado de los villanos, Ron Perlman (Hijos de la anarquía, Conan el bárbaro) no tiene la actuación más feliz de su carrera, aunque en su descargo hay que cargar culpas contra un libreto que maltrata a conciencia los malvados de la historia, ya que esta supuestamente profunda película, no muestra sus interioridades. De hecho el personaje de Perlman parece una parodia de Sonny Corelone (James Caan) en El Padrino, al pretender arreglar sus asuntos siempre del mismo modo: aniquilando sin piedad ni conciencia al personal, tras una risa grotesca y malvada.
Por su parte, Albert Brooks (Hasta que la muerte los separe, La recluta Benjamín) como jefe de Perlman, es otro claro ejemplo del maltrato y poca consideración que el guión de Nicolas Winding Refn depara a los secundarios. Y aquellos con los que trabaja un poco más, como el caso de Bryan Cranston (Malcolm, Contagio) evidencia el uso de estereotipos utilizados en el filme noir hasta la saciedad.
Para completar el reparto se ha utilizado otro recurso muy trillado: escoger a una actriz célebre por alguna serie de televisión actual de éxito. En esta ocasión le ha tocado a Christina Hendricks de Mad Men, con una participación relegada a mero atrezzo, ya que el director, en la línea de poca originalidad de todo el filme, se sirve de ella sólo como atractivo florero.
Drive de Nicolas Winding Refn: Una tomadura de pelo
Así pues, se podría concluir que Drive es una soberana tomadura de pelo. Los engañosos trailers de la película tratan de hacer creer al espectador, que se va a encontrar con una película de acción, similar a la serie protagonizada por Jason Statham Transporter, cuando el producto final es la copia de una copia, pues mantiene muchos paralelismos con otro pretendido filme de culto, que comete los mismos errores: Hanna de Joe Wright.
Posee aspectos positivos, como la interpretación de Ryan Gosling, las dos únicas persecuciones de la película, filmadas en gran medida desde dentro del coche (con la consiguiente pérdida de espectacularidad), algunos aspectos de la fotografía y cierta habilidad a la hora de armar algunos escenarios. Sin embargo, el mal uso de la violencia (valiente en su escenificación, pero torpe en su introducción), su incapacidad para generar tensión, la ausencia de ritmo y lo plano de muchos de sus personajes, hacen de Drive una película mediocre, vacía, aburrida y, desde luego, descaradamente pretenciosa.
